4 de septiembre de 2018

A quiet passion.



Hace días atrás fui con mi querida amiga, Viviana, a ver “Una serena pasión”. Confieso que no tenía mucha idea de la película, la Vivi, me dijo “si, vamos a ver la biografía de Emily Dickinson”. Busqué un poco sobre la chica en cuestión y supe que nos enfrentaríamos a una historia tenaz.

Soy una fervorosa creyente de las casualidades enclavadas en el destino. Por algo dejé reposar en mi inconsciente la historia y venir a publicarla justo cuando estamos por sumar otro día de la mujer.

Mujer, mujer, nunca bien ponderada, siempre discriminada, disminuida, apocada, censurada y bueno, las feministas dirían muchas otras cosas más intelectualizadas al respecto. Por mi parte pienso y siento, en la poeta Emily de 1803, que harto en común, con algunas variaciones (pocas) a la que podría ser en 2018. Después no puedo dejar de ombliguear y pensarme en el siglo XIX, con ese padre que de Emily que si bien la dejaba leer, atiendan estas palabras porque así era la cosa, la dejaba leer y después le dejó escribir. Para colmo la chica que no era fácil, le gustaba hacerlo de noche y tuvo nuevamente, que pedir permiso.


Pero al señor Dickinson, aunque no lo dijera, le pasaba algo con su hija Emily, sería simpatía aunque mujer, le gustaría que fuera tan inteligente, culta, que gustara de estar en casa, aunque fuera mujer. Lo de alzada, irreverente, humor ácido, lo miraba de soslayo pero no le impedía decir las barrabasadas que se mandaba, pensando que era mujer, era 1803 y ante la sociedad eso era un pecadaso.

Bueno, regreso a mi ombligo y piénsome en esa época, en esa sociedad, ese estilo de vida en el que la mujer, es un adorno al que se toma para cultivar en algunas lecturas, mucho bordado, para desposar, tener hijos, cuidarlos y buenas noches los pastores. Pienso y no dejo de pensar y siento un estremecimiento interno, el Jalisco nunca pierde emerge como antorcha, el ADN en el que jamás me ha gustado me digan lo que tengo que hacer, se raja y mama mía que miedo me doy. Creo que en 1803 hubiera habido dos soluciones para mi, el suicidio o la horca, también podemos sumar un tercero que sería cárcel perpetua por asesinar a todo aquel que intentara gobernarme.

Y entonces pienso en mi padre, un hombre del siglo XX, que entre el ramillete de las tres gracias, me tuvo a mí, que era la gracia loca, la rara, la diferente a más no poder…. Sin ánimo de recostarme en el diván les contaré que nunca supe, porque no me lo dijo a tiempo, que su temor era que nos parecíamos demasiado. Pucha, me hubiera gustado contarle que ya lo sabía, siempre lo intuí y por tal, mi valor más preciado. Por eso le aceptaba los intentos por hacer de mi una Gabriela Mistral 2, o una Hermanita Bronté. A diferencia de Emily Dickinson, mi padre, explotó las capacidades innatas por el azote que toda poeta, debe tener. Otra cosa es que le resultara…. Y tuviéramos éxito.

Pero pienso en la sociedad de ese tiempo, los permisos que los hombres les otorgaban  las mujeres para respirar, no para ser, para respirar, para existir en una reunión social, para leer la biblia sobre todo, a Emily la dejaron escribir porque ya venía rematadamente rara y se olfateaba que su destino sería el mismo. En la película, que es más larga que el hambre y sin embargo se pasa volando, dan pincelada tras otra, a estos parajes que constituyen la existencia de la poeta norteamericana y sin embargo, hay una cantidad de interrogantes que siguen dando vueltas.


Sobre todo los relativos al amor, como que no hay demasiada claridad en que Emily fuera heterosexual, porque para sufrir, ya había nacido mujer, si le sumábamos que le gustaban las mujeres, habría sido tema de más poemas. No es que sume o reste, solo son las dudas que me surgen porque digo yo si en tres horas de cinta, no eres capaz de detallar, dar pistas, aclarar parajes de su vida ¿Qué chuchas haces en tanto rato? Menesteres que ni al caso. E insisto, pese a ello, la trama se digiere bastante bien, aunque hubo varios espectadores que no pensaron igual y empezaron a irse de la sala.

Nacida en 1803, fue considerada una niña con talento, pero un trauma emocional la obligó a dejar los estudios. A partir de ese momento, se retiró de la sociedad y empezó a escribir poemas. A pesar de su vida solitaria, su obra transporta a sus lectores a su apasionante mundo.

Otro pero que no atormenta pero al menos, aproblema visualmente, es la mala elección del elenco adulto. Porque la fuerza, además de belleza, que tiene Emily en su juventud, no encaja bien con la actriz madura que ponen para los años siguientes. La primera era altiva, colorina, linda pero no hermosa. La segunda es altiva, vieja, desvencijada jajaja. Qué decir con la personificación del hermano, que era su mejor amigo, bueno en realidad, los hermanos Dickinson, que eran dos mujeres y un hombre eran como dos uñas y una carne, hermanables por siempre. Y como estamos en tiempos en que el hombre es lo único importante, este hermano es vital en la historia, porque es más diferente todavía que el padre, él tiene una admiración y respeto por su hermana “la poeta rara” y la defiende y protege. Entonces en la personificación de juventud, todo bien, guapo, joven, encantador, galante. Después para la madurez se buscaron a uno que es viejo, feo y se ve hasta mayor que el padre, que es Keith Carradine, entiendo, es un hombre guapo, no habrá querido competencia, pero esto es deslealtad poh. La hermana menor, por suerte, no sufrió tanto en la maduración de su rol, ya que ambas edades, gozaron de una mujer muy simpática y agradable.


Y digamos las cosas por su nombre pues, el espectador y espectadora, siempre, siempre y el que diga lo contrario que no me siga leyendo, quiere, debe, necesita, proyectarse en uno de los personajes, onda para que corra cámara, historia y todos vibremos con lo que nos acomoda ¿Qué no? Y en el caso de la protagonista, pues me quedé con la versión juvenil y a la ruca malagetreada pues ya no. Oyee pero si cuando murió Emily tenía 34 años, sé que eran otros tiempos, pero la actriz que la interpreta tiene 34 pero por dos poh.

Bueno en fin, detalles frívolos más o menos, Una serena pasión, es una película interesante para ver, no es la mejor del universo, pero se defiende, de hecho en El Biógrafo, donde la están exhibiendo, hay que llegar con tiempo porque las entradas se agotan, y después los más jóvenes, sobre todo los jóvenes y hombres, irán saliendo de la sala un tanto apurados.  Final de cuentas, creo que es una buena manera de revisar la historia de las mujeres, los atrasos que parecen adelantos, aunque no todos, porque nos falta una tonelada y además, conocer un poco de los parajes existenciales de esta atormentada y sufrida Emily Dickinson, que en materias que le competen, dígase la poesía, eran bien monas sus letras. Porque obviamente, tras las cavilaciones que me produjo, también tuve a bien buscar sus poemas y concluir que se las traía la chiquilla.

SINOPSIS:
La cinta es una soberana biografía, sobre la obra y vida de la gran Emily Dickinson, una poetisa que pasó la mayor parte de su vida en casa de sus padres en Amherst, Massachusetts. La mansión en la que vivió sirve de telón de fondo al retrato de una mujer nada convencional de la que se sabe muy poco.



CALIFICACION:
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FICHA TECNICA:
Título original: A quiet passion, Reino Unido, 2016.
Título original: Una serena pasión.
Duración: 125 minutos.
Dirección y guión: Terence Davies.
Fotografía: Florian Hoffmeister.
Género: Drama, biografía.

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