4 de abril de 2017

The way we were.




Nunca pensé que llegaría el día en el que finalmente viera THE WAY WE WERE. Era como un sueño, algo inalcanzable. De aquello que amas y anhelas tanto, tantísimo, que casi has preferido dejar estático, guardado, atesorado desde lo platónico, previniendo cualquier desastre o desgracia. 
Pero meses atrás, la vi anunciada en Film&Arts. Daban un especial de Robert Redford y la oportunidad no podía ser más clara. Confieso que soy de esas "personas", que creen en las señales. Que si estoy zapeando por los canales y de pronto en alguno, que suelo ver, están avisando que darán algo esperado y ansiado, como diría mi padre, "más clarito echarle agua", es un indicio por donde se le vea. Un grito a hacerlo, tomarlo, verlo.


Y fui tan feliz y al mismo tiempo quedé tan triste. 
Porque es una historia de amor con todas las de su ley. La cual dice que si es una de las buenas, el final no será feliz. Por alguna razón las buenas historias, películas, libros, que relatan sucesos amorosos, con maestría, intensidad, de aquella que uno se siente interpretado, reflejado, suelen terminar mal. Y si no, comencemos preguntándoselo a Romero y Julieta.


En el caso de THE WAY WE WERE, sin querer adelantarles el final, las razones por las que este amor no termina de forma feliz, son los ingredientes que aliñan el día a día, la vida misma. Lo que uno quiere y busca en la vida, lo que se busca a la hora de querer enamorarse, tener pareja y que choca con los deseos, intereses, de la otra mitad. Uno quiere estabilidad, felicidad, armonía y tranquilidad, mientras la otra, además de todo eso, busca lo mismo para el mundo, para todas las personas del mundo.
Y como debe suceder con los buenos amores, los que marcan para toda la vida, siguen latiendo, por siempre jamás, desde lejos y más todavía de cerca.


En el caso de Hubbell y Katie, así sucede. 
Él es un hombre guapo, guapo si los hay, que en sus años universitarios, gozó de la vida a más no poder. Estudiaba, practicaba todos los deportes que el campus universitario entregaba, iba a fiestas, compartía con amigos. Mientras Katie, que seguramente provenía de una familia judía con menores ingresos, tuvo que estudiar, trabajar, estudiar, trabajar y además trabajar para sacar adelante, luchar, por todos sus ideales. 
Y para que los caminos de la vida, los juntarán tuvieron que suceder muchas casualidades. Porque en esencia, el uno no pertenecía al mundo de la otra y la otra no entendía el mundo del uno. Pero cuando cedieron a la casualidad y permitieron conocerse mejor, descubrieron que había una química maravillosa entre los dos, que no sólo era amor, sino que también complicidad, amistad, aquello inevitable, que una vez encontrada jamás de los nunca se puede volver a perder. Puedes hacer que la olvidas, que la guardas en un cajón, al que le pones llave, candado, pero el sentimiento puro y único, seguirá latiendo por siempre jamás.



La película es buenísima, no sólo es una historia de amor entre dos personas diferentes que se encuentran, sino que también cuenta la historia del mundo, en el que estas personas vivían. Mundo y tiempo y vida, que sin necesariamente nombrar fechas, ni años, esos sucesos de la historia de Estados Unidos, salían a flote. 
A esa pareja, como a tantos otras personas, les tocó vivir momentos candentes de la historia, como la guerra de Vietnam y posteriormente la época del Marcarthismo o "la caza de brujas". Tiempos convulsos que irremediablemente irradiaban a todas partes, como a esta pareja, a esta su historia, este amor. 



Este amor, que con todas sus diferencias, me recordó tanto al platónico e infantil, pero no por ello menos hermoso de "Summer ´42". O al menos para mí, que ésa película significó tanto, me marcó tanto, la sentí la mejor historia de amor vista, aunque después se sumara la poética Romeo y Julieta de Zefirelli. Qué decir de la historia de amor, aunque fuere solo por una vía de "El Gran Gatsbi"
También será que THE WAY WE WERE, llegó tanto, a la médula como se dice, porque obviamente deleitar la vista con un hombre tan soberanamente guapo como Robert Redford, ayuda, reconforta. Porque es una verdadera hermosura. Distinguido, elegante, fino sin ser taza, alto, guapo, lindo rostro, buen estado físico, buen físico, una poesía. Y a Barbra Streisand, que no la tengo vista en demasiadas cintas, aunque obvio que sé de ella, porque lo que no he visto, lo he escuchado, porque esta mujer es una cantante impresionante, tiene un vozarrón. De hecho la banda, la hermosa, poética, estremecedora, banda sonora de esta cinta, corre bajo las cuerdas vocales de Streisand y la verdad, es que cada que la escucho me gusta más y más.



Es decir, desde todo punto de vista, THE WAY WE WERE, es una película de las imperdibles. En la exageración de mi existencia, creo que puedo manifestar, que podría morir, ahora que la he visto. He quedado tan contenta, la música de la cinta, me sigue a todas partes, la sensación, el regustillo a por ese amor, también, la certeza que el verdadero amor es el inolvidable, que late cada que ves a la otra o al otro y que por lo general, tiene un final infeliz, ya que los amantes no perduran juntos en el tiempo por siempre jamás.
Totalmente recomendada!!!

SINOPSIS:
Hubbell Gardiner y Katie Morowsy, son dos estudiantes universitarios con caracteres muy diferentes. Hubbell es un atleta universitario famoso, un gran conquistador y un amante de la buena vida. Katie tiene una decidida vocación política y es consecuente con sus ideas. Ambos se enamoran y se casan, pero su vida conyugal tropieza con muchas dificultades. 

CALIFICACION:
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FICHA TECNICA:
Título original: The way we were, Estados Unidos, 1973.
Título en español: Nuestros años felices.
Dirección: Sydney Pollack.
Guión: Arthur Laurents (basado en la novela del mismo autor).
Género: Drama - Romance.
Música: Marvin Hamlisch.
Fotografía: Harry Strading Jr.
Reparto: Robert Redford, Barbra Streisand, Bradford Dilman, Viveca Lindfors, Herb Edelman, Murray Hamilton, Patrick O´Neal, Lois Chiles, James Woods, George Gaynes. 

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